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II, 2. La Botija del Duende
La Botija del Duende

Román vivía con sus padres y hermanos en La Puer­ta del Sol, situada entre la Carrera Cuatro con Calle Dieciocho de la ciudad de San Cristóbal. Su madre lo veía jugar en el solar y sonreía, el niño de doce años, se escondía, hablaba y reía solo, pero no era así, él tenía un amigo invisible, un hombrecito mucho más pequeño ql;le él, cantaba y reía con sus ocurrencias, jugaba con las monedas que el duendecito tenía en una botija, conver­saban, bailaban y cantaban. El duende sólo era visible para Román y por épocas se perdía para volver de nue­vo. Román hablaba del duende a su familia y no le creían.

Tienes muchas fantasías en tu cabeza. - Le dijo la madre.

Pero si es verdad, mamá. En esta casa aparece y des­aparece un duendecito que es mi amigo, él, alegre y ju­guetón, tiene escondida una botija con monedas de oro  jugamos siempre con ellas. - Comentó Román.

Pasaron los años y durante mucho tiempo el duende o volvió a salir. Murió el padre y Román se hizo hombre.

Román acababa de cumplir veinte años, una tarde en que estaba recogiendo la tierra que había caído de un pedazo de pared, vio con alegria a su amigo de la infan­cia, éste le sonreía y le indicaba con su manita que lo siguiera.

Román se incorporó y siguió al duende, le pareció más pequeño, sólo le llegaba a la rodilla.

Román siguió al duende a un rincón del solar y en un hueco de la pared vio la botija llena de monedas.

- Es tuya- dijo el duende.

Al instante sintieron ruido en la puerta, de inmedia­to, botija y duende se esfumaron.

Días después, una tarde en que Román estaba solo se encontró de nuevo con el duende, le preguntó:

- ¿Por qué se fue el otro día? Me estaba mostrando la botija.

- Porque llegó su hermano y él es muy ambicioso.

El hombrecito desapareció un momento y volvió arrastrando la botija.

- Esto es un regalo que tengo para ti, lo dejó el señor Chacón que vivía en esta casa.

- ¿Para mí? -Preguntó Román asombrado.

- Si, hace mucho tiempo que lo guardo para ti, pero tu hermano es muy ambicioso y cada vez que el venga desaparecerá.

La ambición del hermano ha hecho que Román no haya podido savar la botija con monedas de oro que está enterrada en el solar de la casa.

Testimonio: José Armando Diaz.

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